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La "casa del horror" del gijonés que abusó de sus dos hijas y maltrató a su esposa

Pedro Miguel A., que vivía en un pueblo de Huesca, ha sido condenado a 31 años de cárcel en una sentencia que relata el padecimiento de su familia

Pedro Miguel A., durante su declaración en el juicio en la Audiencia de Huesca. - ROGER NAVARRO / DIARIO DEL ALTO ARAGÓN
30.07.2017 | 02:08 | Gijón

Un gijonés de 56 años ha sido condenado a 31 años y nueve meses de cárcel -la Fiscalía y la acusación particular solicitaron hasta 37 años- por abusar sexualmente de sus dos hijas -una de ellas biológica-, de 11 y 6 años, y por maltratar física y psicológicamente a su mujer en el domicilio familiar que todos compartían en la localidad oscense de Enate, cerca de Barbastro, durante más de un año. Además de otros delitos como tenencia ilícita de componentes y aparatos explosivos. La sentencia de la sección primera de la Audiencia Provincial de Huesca le condena además a indemnizar a sus víctimas con 36.000 euros en concepto de responsabilidad civil. No obstante, el fallo del tribunal advierte que las penas privativas de libertad tendrán el límite legal de 20 años.

En la vista oral, celebrada el mes pasado, quedó probado que entre junio de 2014 y agosto de 2015, Pedro Miguel A., el gijonés condenado, comenzó a tener un comportamiento violento y amenazante contra su esposa en el domicilio familiar, en Enate. Allí vivía junto a cuatro hijos -dos niños y una niña fruto de una relación anterior de su mujer- y otra hija más que tuvieron juntos en 2009. "Le decía continuamente a su esposa que si se separaba de él la iba a matar a hostias", asegura la sentencia. A los desprecios e insultos continuos ("gorda, enana, patacorta, petisa") hay que sumar que tiraba la comida al suelo cuando no era de su agrado y eructaba y ventoseaba en la mesa, además del comportamiento despectivo contra su mujer e hijos.

"Te vas a morir", le dijo Pedro Miguel A. a su esposa días antes de que ella se enfrentase a una colecistectomía, operación para extirpar la vesícula biliar. Meses después, y tras otra intervención para extirparle un lunar del pie, este gijonés la pateó cuando todavía estaba en fase de recuperación. En aquella ocasión, la propia víctima se curó el sangrado que los golpes le habían provocado. Estas amenazas también las vertió contra sus hijas para evitar que hablasen de las agresiones sexuales que sufrían.

Pedro Miguel A. se llevaba a sus hijas al taller que tenían en el bajo del domicilio, a un parque infantil o a la caseta de un huerto cercano. Procuraba quedarse a solas con cada una de sus hijas. Durante los hechos tenían entre 10 y 11 años, la mayor, y entre 5 y 6 años, la pequeña, hija biológica del condenado. "Con ánimo libidinoso les tocaba por diferentes partes del cuerpo, concretamente pecho, nalgas y vagina", matiza la sentencia, que incluso relata detalles más escabrosos. Les decía que si lo contaban mataría a su madre, a sus hermanos y a ellas. Incluso, a la mayor le dijo que su madre se iba a morir y que ella sería su esposa. "Ese terror", dice el magistrado, impidió hablar a las pequeñas y, en consecuencia, que su madre se enterase de lo que ocurría. El decorado incitaba al temor. Especialmente el de la caseta de la huerta, donde había dos espadas cruzadas de decoración, una macheta de carnicero, una vieja navaja y una carabina. Además, dentro de un mueble, cien detonadores de mecha, 26 detonadores pirotécnicos, cuatro botes de gas lacrimógeno. Un material que agentes del Grupo de Desactivación de Explosivos de la Guardia Civil (Gedex) hicieron explosionar de forma controlada tras el registro una vez se denunciaron los hechos.

El ya condenado, que fue encargado de obra hasta que sufrió un ictus, negó los hechos en el juicio. Incluso alegó que fue el hijo mayor de su mujer quien creó toda la historia para echarle de la casa. No obstante, el tribunal de la Audiencia Provincial de Huesca valoró las declaraciones de las tres víctimas -su esposa y dos hijas- como "constantes y reiteradas en los datos más relevantes y están corroboradas de un modo indirecto por las manifestaciones de los otros intervinientes, datos o declaraciones de terceras personas". Por ello ha condenado a este gijonés a 31 años y nueve meses de cárcel por los delitos de agresión sexual, maltrato de obra y habitual, amenazas, tenencia de aparatos y componentes explosivos.

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